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EL DUENDE, un Heraldo de la Cultura Tener la clara conciencia de que la escritura es un arte de secretos reservados a quienes con galano lenguaje profesan por ella, es alimentar la fase espiritual del itinerario vital del hombre, es también acicatear a las colectividades a desentrañar el inconmensurable territorio de los dones de la palabra inspirada. Por esto, los heraldos de la cultura son un lugar para extender las mieses de la inspiración, también como trasunto de la necesidad existencial de quienes incesantes buscan un sentido a su mundo. Por esto mismo, El Duende se impuso la tarea para ser un espacio de difusión de logros sabidos de inteligencias organizadas en las letras nacionales y extranjeras, al mismo tiempo que mantener la presencia rediviva de vates y estudiosos orureños. Nuestro duende lleva andando no poco camino, desde el tiempo de su aparición iluminada de sencillez insondable, para responder al llamamiento de la realización, estética; aunque sí, buscando el refinamiento, silencioso y musitante. La aceptación y el encomio de creadores y lectores, le han otorgado salud y vigencia para transitar con resolución por las rutas de la cultura, permitiéndole asimismo una honrosa relación con un mundo cautivante de próceres de las letras y las artes. Esta versión “trescientos” registra en sus páginas el testimonio dorado de salutaciones y simpatías infinitas de esclarecidas personalidades e instituciones respetables de la intelectualidad nacional, lo que nos compromete reiterarnos con irrefrenable firmeza en la determinación de seguir apuntalando El Duende como un espacio permanente para la exaltación de las querencias literarias de jóvenes así como de reposadas figuras, plenas en su libertad de pensamiento y su modo de creación. El tiempo, así como la luz, se hace diáfano cuando su entrega a las realizaciones tiene una medida: Trescientas apariciones sostenidas, siempre prontas para sublimar ideales, ensanchar corazones y marcar surcos de nuevas esperanzas. Ing. Luis Urquieta Molleda |